¡Cómprate esos zapatos!
¡Cómprate esos zapatos!
Sí, ya sé lo que estás pensando.
"¿Esta mujer en serio me está diciendo que me compre esos zapatos? ¿Ahora? ¿Con todo lo que tengo encima?"
Y te entiendo, créeme. Pero hoy quiero hablarte de mujer a mujer, sin filtros, sin culpa y sin callarnos lo que sentimos. Porque esto no va solo de moda, va de identidad.
Hay un momento en el que un zapato deja de ser solo un zapato. Se convierte en un símbolo, en una declaración silenciosa que grita al mundo: "Acá estoy. Me veo. Me elijo. Me muestro."
Y sí, tal vez suene superficial si lo miramos desde afuera. Pero vos y yo sabemos que cuando una mujer se pone algo que le encanta, algo que conecta con su energía, su estilo, su esencia... se transforma. No importa si es un zapato, una camisa o ese vestido que te hace pararte distinto frente al espejo. Eso no es vanidad. Eso es autoestima expresada en forma de tela, cuero y colores.
Somos mujeres fuertes, sí. Enfocadas. Emocionales. Llenas de sueños y de listas de prioridades. Y muchas veces, esa lista no nos incluye. Porque está la comida, los gastos, los imprevistos, los chicos, la casa, el trabajo... ¿y nosotras? En la última hoja del cuaderno, si es que nos anotamos.
Y no te hablo desde el consumismo. Yo también cuido lo que gasto. Yo también reciclo ropa, la guardo por años y le doy valor a lo que dura. Pero a veces, darnos un gusto no es un capricho, es un acto de amor propio. Es una pausa. Una forma de volver a nosotras. Como si ese par de zapatos fuera una caricia a nuestra feminidad olvidada entre tantas responsabilidades.
¿Nunca te pasó que dejaste de usar esa remera que amabas porque te recordaba un momento que preferís olvidar? ¿O que mirás una prenda en el fondo del placard y pensás: “algún día la voy a usar”, pero ese día no llega nunca? Porque la ropa tiene memoria. Tiene alma. Nos acompaña, nos expresa, nos representa.
Así que sí, comprate esos zapatos.
Si te hacen sentir poderosa, si te elevan la energía, si conectan con lo que sos hoy —no con la que fuiste, ni con la que los demás esperan—, entonces hacelo.
No te niegues ese pequeño lujo que quizás no sea tan pequeño. Porque en medio del caos, del cansancio, de la rutina, vos también merecés sentir ese golpe de adrenalina al abrir una caja, al oler el cuero nuevo, al probarte algo que te queda como si te estuviera esperando.
A veces, una mujer necesita algo tan simple como un buen par de zapatos para recordarse que está viva. Que sigue soñando. Que todavía se elige.
Y si sos mamá, como yo, sabés que casi siempre postergamos lo que queremos. Pero hoy quiero invitarte a hacer una pausa. A volver a mirarte. A darte permiso. No por el zapato, sino por vos.
Porque ese zapato no es solo moda.
Es un sí.
Un “sí quiero”.
Un “sí puedo”.
Un “sí me lo merezco”.
Así que, mujer, si te representa, si lo vas a usar, si al probártelo sentís que te transforma…
! Cómprate esos zapatos!
Con amor Mariam



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