¿Mirarse al espejo y no reconocerse?

¿A quién no le ha pasado?
Estás frente al espejo... te observás, pero no te conocés.

Nos miramos, sí. Pero muchas veces solo vemos defectos.
Y entonces comienza ese bucle de pensamientos rumiantes que nos hieren más de lo que quisiéramos admitir.

El espejo nos invita a mirarnos...
a observarnos.
Intentamos reconocer un mechón de cabello, una curva, una cicatriz...
pero hay algo en nosotras que nos impide ver lo más hermoso de ese acto: el reflejo de lo que realmente somos.

Porque mirarse al espejo no es solo ver el cuerpo.
Es desnudarse el alma.
Es enfrentarse a fantasmas internos, esos que fuimos alimentando con heridas, críticas, comparaciones.

¿Cuántas veces escuchaste un comentario hacia tu cuerpo que se te clavó como una espina?
Tal vez eras chica y alguien dijo que eras “muy flaca”, o que tenías “tal defecto”...
Y sin darte cuenta, ese juicio se volvió una voz interna.

Yo lo viví.
Durante años me vestí con ropa oversize, no por elección, sino por vergüenza.
No quería que vieran mi cuerpo, ni yo quería verlo.

Y cada vez que tenía que maquillarme frente al espejo, deseaba desaparecer.
Me dolía ese reflejo.
Me preguntaba:
¿Quién es esa? ¿Qué hago en este mundo?

En aquel entonces no conocía la palabra propósito,
pero hoy sé que esa palabra me cambió la vida.

Y también sé que muchas evitamos el espejo.
Preferimos huir.
Porque pensamos: si no lo veo, no existe.
Pero sí existe.
Y mientras más lo evitamos, más lo alimentamos.

Nos ocultamos detrás de frases como:
“Me pongo lo primero que encuentro”,
cuando en realidad estamos escondiendo ese complejo, esa inseguridad que grita por ser vista, reconocida, abrazada.

Y sí, lo sé...
Vivimos en un mundo que nos exige estar “perfectas”.
Verte “bien” incluso recién levantada.

Pero seamos realistas:
¿Quién no pasó una noche en vela cuidando a un hijo enfermo, estudiando, trabajando hasta tarde?
Y al otro día... las ojeras, el cansancio, la piel sin filtro.
Esa es la vida real.

Y la vida real no es perfecta.
Por suerte.
Porque si lo fuera... sería aburrida.
Y las sorpresas, aunque nos asusten, también nos despiertan.

Confieso:
hay días en los que todavía quiero controlarlo todo.
Pero estoy aprendiendo a soltar.

Porque cuando nos miramos al espejo no solo vemos un rostro:
vemos nuestra historia.
Cada arruga, cada línea, cada mirada triste o alegre…
cuenta algo de nosotras.

A veces, mientras me hago la skin care,
le rezo a esa crema para que borre las huellas del cansancio…
pero al mismo tiempo sonrío.
Porque esas marcas también hablan de mí.

Sí, mujeres...
desnudarse el alma frente al espejo es jodidamente difícil.
Pero también es un acto de amor.

Y como este es un espacio sin filtros ni máscaras, te lo digo desde el corazón:

¡Amate más!
No importa cuántas canas tengas,
si la crema funciona o no,
si tu reflejo hoy no se ve como quisieras.

El verdadero amor empieza por aceptarte así como sos.
Incluso en esos días en que evitás el espejo...
sonreíle igual.

Y si me preguntás cómo enfrentar de una vez por todas a ese monstruo interno...
te dejo esta pregunta:

¿Quién lo alimenta?
¿Quién tiene el poder? Él... ¿o vos?

🌷 ¿Te abrazaste el alma hoy?


                         Con amor Mariam

Comentarios

Entradas populares