Ser madre sin dejar de ser mujer
Ser madre sin dejar de ser mujer
Ser mamá es un regalo inmenso, pero también un desafío que a muchas nos cuesta comprender.
Cuando nacieron mis hijas, yo pensaba que ser una “buena madre” significaba estar al 100% para ellas. Que no les faltara nada en lo absoluto.
Mis días eran un torbellino: adaptarme al nuevo rol, el puerperio, la lactancia a libre demanda, las primeras fiebres, los cólicos interminables, esas noches en las que no dormís ni una hora seguida. Recuerdo despertarme cada tres horas, dar la teta, cambiar pañales y rogar que no se hubieran pasado para no tener que vestirlas otra vez en plena madrugada. Más de una vez terminé con la ropa manchada… y estoy segura de que no fui la única “bautizada” por sus hijos.
Al principio lo hacés con amor, con ternura, con esa entrega instintiva que nace en cuanto ves sus caritas. Pero después, entre tantas noches sin dormir, el cansancio acumulado, la casa, el trabajo, las responsabilidades… algo empieza a pasar: dejamos de mirarnos a nosotras mismas.
Y cuando nos miramos, nos invade la culpa. Porque desde chicas nos enseñaron que primero van los hijos, después la pareja (si la hay), la casa, el trabajo, y recién al final —si queda tiempo— nosotras.
El gran error: olvidarnos de que somos mujeres
Yo lo viví en carne propia. Como mamá soltera, la mochila de responsabilidades parecía el doble de pesada. Liderar un hogar sola es valiente, sí, pero también es agotador.
Me tomó años comprender algo que hoy repito como recordatorio: yo también necesito cuidado, yo también merezco atención.
Al principio, cada vez que pensaba en mí, sentía que estaba fallando como madre. Creí esa mentira durante mucho tiempo: que cuidarme a mí era egoísmo.
Hasta que entendí que no, que no era cierto. Porque nuestras hijas no nos necesitan hundidas en el cansancio, apagadas o tristes. Ellas necesitan vernos plenas, felices, libres. Necesitan una mamá que se atreve a ir tras sus sueños, que se permite crecer, que se muestra fuerte… y también vulnerable.
La maternidad no debería ser una renuncia
Ser madre no debería significar elegir entre ser exitosa o ser “buena mamá”.
Podemos ser ambas cosas.
Podemos soñar en grande, trabajar en lo que amamos, salir con amigas, viajar, rezar, escribir, reír a carcajadas… y al mismo tiempo ser madres presentes, amorosas y conscientes.
Hoy disfruto mis salidas al cine, un café con amigas, una caminata sola, un viaje soñado. Y lo hago sin culpas. ¿Lo más hermoso? Ver cómo mis hijas lo celebran: me dicen “mamá, me gusta cómo te vestís” o “tengo una mamá hermosa”. Ellas imitan mis hábitos, desde leer hasta hacer deporte, y me doy cuenta de algo: si quiero criar mujeres libres y poderosas, primero tengo que convertirme yo en una.
También tenemos derecho a ser amadas
Hay un tema del que casi no hablamos: ¿qué pasa con nosotras como mujeres en la pareja?
Para mí, dejarme ver vulnerable frente a alguien más, abrir la puerta a una nueva relación, es lo más difícil. Porque no es solo mostrarme como mujer, también es mostrar lo más valioso que tengo: mis hijas.
Y aunque construí barreras para protegerlas y protegerme, también sé que tengo derecho a ser acompañada, sostenida y amada. Quien sostiene también merece ser sostenida. Pero no con cualquiera, por el indicado.
La declaración más grande de amor propio
No te voy a mentir: es un camino jodidamente difícil.
Estudiar de noche cuando las nenas ya duermen, tomar decisiones sola, resolver problemas que dependen únicamente de mí… muchas veces me sentí al límite. Pero ahí también me descubrí más fuerte de lo que creía.
Cada vez que cumplo una promesa que me hice, cada vez que me regalo un espacio para mí, cada vez que me miro al espejo y me reconozco, mi autoestima sube. Y eso, mujeres, es una declaración de amor hacia una misma.
Una pregunta para vos, mujer
La maternidad puede ser agotadora, mágica, desafiante y hermosa. Pero nunca debería borrarnos la identidad.
No somos “solo mamás”: tenemos un nombre propio, sueños, proyectos y una esencia única que merece brillar.
Entonces hoy quiero preguntarte:
¿Ya te disté tu espacio, aunque sea pequeño?
¿Ya disté un paso hacia tus objetivos sin culpa?
¿Qué mamá querés que vean tus hijos: una mamá agotada, estresada y sin brillo, ¿o una mamá feliz, auténtica y plena?
P/D: Este artículo lo escribo de madrugada, en silencio, cuando mis hijas ya duermen. Y en cada palabra me recuerdo a mí misma que ser madre no me limita: me potencia. Porque ser madre y ser mujer no son opuestos, son dos caras del mismo poder.
Con amor Mariam.



Comentarios
Publicar un comentario