Conversaciones incómodas, acuerdos conscientes y una Navidad conmigo
Conversaciones incómodas, acuerdos conscientes y una Navidad conmigo
Se viene la Navidad.
Para muchas personas es ese momento del año en el que la familia se reúne, la mesa se hace grande y los recuerdos se multiplican. Risas, brindis, fotos que intentan capturar algo que siempre se siente un poco más profundo.
Pero también es una época que, para muchas mujeres, trae conversaciones difíciles. Conversaciones que incomodan, que remueven, que nos enfrentan con emociones que no siempre sabemos cómo poner en palabras.
Por ejemplo, cuando sos mamá soltera y compartís la crianza de tus hijos con su papá. Ahí aparece ese diálogo que año a año se vuelve un desafío: llegar a acuerdos para las fiestas, cuidando algo esencial por sobre todas las cosas: que nuestros hijos la pasen bien, en paz, tanto con su mamá como con su papá.
Durante mucho tiempo, para mí, llegar a esos acuerdos fue complejo. Me costaba dejar de lado las diferencias y sostener conversaciones sin que lo emocional tomara el control.
Hasta que algo cambió.
Hoy puedo decir que aprendí a conversar desde otro lugar. Desde la conciencia. Gracias al coaching, aprendí a diseñar conversaciones, incluso con esa persona que muchas veces sentimos como un “caso perdido”. Esa con la que creemos que no se puede dialogar en paz. O con quien necesitamos cerrar un ciclo. O con alguien de nuestro equipo con quien toca tener una conversación incómoda, pero necesaria, para poder avanzar.
La apliqué. Y todo fluyó mejor de lo que imaginaba.
Por eso hoy quiero compartirte este diseño de conversación base, por si vos también necesitás tener una conversación para cerrar un ciclo o llegar a un acuerdo importante.
El diseño de una conversación consciente
Antes de comenzar, es clave tener claro el propósito de la conversación y elegir un contexto adecuado.
Si es con alguien de tu equipo, tal vez un espacio neutro dentro de la oficina.
Si es para organizar las fiestas, como fue mi caso con mi ex, y lo último que queremos es vernos cara a cara, una llamada puede ser una buena opción.
No recomiendo hacerlo por WhatsApp ni por mensajes escritos. La interpretación suele filtrarse por nuestro estado emocional… y el del otro también.
Estos son los pasos:
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Nombrar el hecho concreto que observás.
Ejemplo: “Dado que se acercan las fiestas…” -
Expresar cómo te sentís frente a eso, sin juzgar ni suponer si el otro va a comprenderte o no. Si no decimos cómo nos sentimos, no podemos esperar ser comprendidas.
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Decir cómo interpretás lo que observás.
No es la verdad absoluta, es tu mirada, y está bien decirlo. -
Expresar lo que necesitás en este momento, tus valores y cómo te gustaría que se desarrolle la situación.
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Hacer un pedido claro y específico, y comprometerte también vos. La claridad evita malos entendidos y abre el camino a acuerdos reales.
Creeme: este diseño simple pero poderoso me ayudó a tener esa conversación que para mí era un desafío todos los años. Porque no se trata solo de horarios o fechas. Se trata de ceder un festejo tan importante con las personas que más amás en el mundo.
Elegir la paz también es una forma de amor
Hoy estoy en un momento de mi vida en el que priorizo mi paz.
Por eso apliqué este diseño para negociar las fiestas de la mejor manera posible para mis hijas.
Este es, de hecho, el tercer año que paso la Nochebuena sin ellas. Y sola.
Sí. Mi alma y yo nos hacemos compañía.
Al principio me sentí rara. Como si hubiera algo mal en mí por no pasarla con nadie más. Y después me detuve a reflexionar: así hay miles de mujeres. Mujeres que no tienen a su familia cerca, que viven lejos, o que eligen pasar las fiestas solas por su salud emocional.
Y eso no nos hace incompletas.
Todo lo contrario.
Cuando una mujer aprende a amar su soledad, entiende que está completa. Que su propia compañía es suficiente. Pasar las fiestas sola no nos vuelve tristes ni “raras”. No nos convierte en el Grinch, como yo misma me decía en chiste. Es simplemente otra manera de vivir la Navidad.
Es una invitación a conectar con lo interno, a abrazarte un poco más.
El ritual de elegirme
Amarte también puede verse así:
Arreglarte igual. Elegir ese outfit que te encanta. Maquillarte, peinarte, mirarte al espejo y decirte: hoy me elijo.
No importa si nadie más nos va a ver.
Importa que nosotras nos veamos.
Ese es uno de los regalos más grandes que podemos hacernos al autoestima.
En mi caso, hago de ese día algo especial desde la noche anterior. Me preparo una mascarilla, pienso qué me voy a poner, cómo me voy a peinar, qué colores voy a elegir para mi maquillaje. Hago las compras y cocino algo que no preparo todos los días, pero sí en fechas especiales.
Este año, por ejemplo, elegí carne al vino tinto con salsa de champiñones. (Sí, también soy profesional gastronómica, pero esa historia queda para otro momento). No tomo alcohol hace años, pero en la cocina el vino tiene ese no sé qué que transforma los sabores… y en la cocción, el alcohol se va.
Pongo la mesa linda.
A veces hay maratón de Netflix. Otras, de lectura.
Y cada momento lo disfruto como un regalo de Dios.
Porque si no aprendemos a amarnos a nosotras mismas —siendo que nos vamos a acompañar toda la vida—, el verdadero desafío es no ver lo maravilloso en las cosas simples. Como disfrutar de tu propia compañía.
Si estas fiestas las pasás sola, te abrazo.
Acá nos hacemos compañía entre palabras.
Recordá: no estás sola.
Te tenés a vos. Y a Dios.
Ya sos una mujer completa.
Y cada ocasión puede convertirse en un momento inolvidable… si lo elegís desde el amor.
Con amor Mariam



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