Estoy abierta al amor: la confesión que cambió mi manera de verme



Estoy abierta al amor: la confesión que cambió mi manera de verme.

El otro día, conversando con una amiga, me lanzó una pregunta que me quedó resonando toda la semana:
“Mariam, ¿qué pasa si te quedás sola para toda la vida?”

Tomé aire, me quedé unos segundos pensando y respondí desde un lugar muy honesto:
“La verdad… estoy bien con eso.”

Les doy contexto. Estábamos en una de esas charlas nuestras: profundas, sinceras, donde ninguna se esconde. Yo le contaba que cumplí tres años de soledad. Tres años sin salir con nadie, sin intercambiar un número, sin conocer a alguien. Tres años sin un abrazo amoroso. Y no me había dado cuenta de eso hasta ahora.

Porque, en lo personal, no me gustan las cosas de un rato. Prefiero seguir así antes que perder tiempo y energía en una relación vacía.
No soy una mujer de “pasar el momento”.
Soy una mujer que se respeta, que tiene valores, que quiere ser elegida todos los días, incluso en los días más desafiantes.
Una mujer que quiere compartir la vida con alguien que la acepte tal cual es… y a quien ella pueda admirar, al punto de encontrar inspiración, no desesperación.

Estos años fueron un proceso necesario.
Me enfoqué en mis objetivos, en sanar, en cuidarme, en redescubrir quién soy.
Porque cuando tus cimientos eran de arena, no queda otra que cavar profundo hasta encontrar una base firme.

Sanar me llevó noches sin dormir, días enteros acompañada solo por mis pensamientos.
Años de terapia.
Años de desaprender creencias que me aplastaban.
Años de trabajar mi mente para convertirme en la mujer que soy hoy: no perfecta, pero sí más consciente, más libre… aun sabiendo que todavía queda camino por recorrer.

Tuve noches enteras llorando, sintiendo que ya no podía más. Hasta que un día desperté y dije:
“Voy a enfocarme solo en lo que puedo controlar: mi mentalidad, mi disciplina y mis acciones.”
Y así lo hice.

Cuido mi rutina, mi movimiento, mis momentos de ocio, mi tiempo con mis hijas, mi presencia conmigo.
Me volví selectiva. Mucho.
A tal punto que hoy mis mejores citas son conmigo misma. Y las disfruto: elegir el outfit, el maquillaje, el peinado, el lugar. A veces una cena, otras el cine, un desayuno, una merienda o un simple mate con mi libreta en mano para dejar que baje la inspiración.

Me siento completa. Me siento amada por Dios.
Aunque claro, hay días en los que le digo que no entiendo nada.
Y Él, igual, me sostiene.

La verdad es que cerré mi corazón sin darme cuenta.
No por falta de amor, sino por miedo a entregarme sin estar lista.
Ser vulnerable es un desafío cuando pasaste años en modo supervivencia.
Pero hoy entiendo algo profundo:
ya no veo el amor como dependencia, sino como libertad.

Mi corazón aprendió a elegirme.
A poner límites.
A no quedarse en lugares que lo achiquen.

Y volviendo a la pregunta que me acompañó toda la semana…
después de mirarme hacia adentro, llegué a una verdad simple y fuerte:

Si Dios quiere que esté sola un tiempo más, lo acepto.
Pero hoy… también declaro compartir mi plenitud.

Declaro abrirme al amor.
Declaro darme permiso para enamorarme.
Declaro conocer a alguien, pero bien.

Como dice Dua Lipa:
“No quiero tener que enseñarte cómo amarme correctamente… ¿es pedir demasiado?”
"Quiero a alguien que entienda que necesito que me abracen fuerte, más profundo de lo que jamás he conocido."

Alguien que resuelva el doble de lo que yo ya hago.
Que no deje dudas. Que hable claro.
Un hombre que se ame, que se respete, que se conozca; un caballero, un líder consciente, un hombre con propósito.

Porque no me estoy construyendo para volver a limitarme.
Y para que ese hombre llegue, primero tengo que ser yo esa versión que quiero atraer.

Entendí que no pierdo el foco si me enamoro.
Aunque, seamos sinceras, esto lo entendí hace poco. Antes creía que, si dejaba entrar a alguien, iba a perder mi eje porque sí: soy romántica hasta la médula.
Pero hoy sé que merecemos éxito en todas las áreas, porque limitarnos a una sola no es expansión… es miedo.

Y también entendí que desear ser amada no me vuelve desesperada.

Pero también sé que una parte de mí aún duda, aún huye.
Incluso al escribir este artículo estoy derribando esa barrera silenciosa que construí para protegerme.
Pero ya no quiero esconderme.

Entonces, cada vez que la escucho, respiro y me repito:
“Estoy abierta al amor.”
Porque toda realidad empieza por el lenguaje.

Y vos, mujer…
si también estás en ese desafío de confiar otra vez; si temés caer en viejos patrones; si amás tu soledad pero sentís el deseo de compartir tu plenitud…
hoy te dejo esto:

Si ya atravesaste tu desierto, si ya te sostuviste sola, si ya habitaste tu silencio… y hoy te sentís plena, aunque no tengas todo resuelto, entonces sí: ya estás lista.

Porque no buscás amor para llenar un vacío.
Lo buscás para potenciarte.
Para sumar libertad.
Para compartir la mujer poderosa, vulnerable y libre que ya sos.

                  Con amor Mariam

Comentarios

Entradas populares