Gracias, 2025: me quebré, sané y me elegí
Gracias, 2025: me quebré, sané y me elegí
Se va 2025.
Un año profundamente desafiante y, al mismo tiempo, inmensamente gratificante en lo personal.
Fue un año en el que me animé —por fin— a mirar de frente mis heridas más antiguas. Y sanar… fue y sigue siendo un proceso doloroso. Porque entendí algo clave: la sanación no es lineal. No ocurre en línea recta ni a la velocidad que una quisiera. También comprendí que necesitaba tenerme más paciencia. Estaba siendo demasiado exigente conmigo misma, queriendo resolver años de historia en un solo día.
Este año también me mostró partes de mí que ni yo conocía: una mujer fuerte, segura y audaz. Y, al mismo tiempo, una mujer vulnerable frente a ciertas situaciones. ¿Y sabés qué? En esa vulnerabilidad encontré mi poder. Porque ser vulnerable no es debilidad. Es, muchas veces, el lugar exacto donde habita nuestra verdadera fortaleza.
Fue un año de orden. De poner en su lugar muchas piezas de mi vida… y de aceptar que otras todavía están en proceso. Un año en el que me animé a dar a luz escritos, proyectos y sueños que venían gestándose en silencio. Pero, sobre todo, fue el año en el que tomé una decisión clave: ir por mis objetivos más grandes. Esos que durante mucho tiempo sentí imposibles.
Gracias al Coaching y a la PNL entendí algo que cambió mi forma de ver la realidad: toda realidad se crea a través del lenguaje. Y cuando tomé conciencia de eso, empecé a transformar mi lenguaje interno y externo. Cómo me hablo. Cómo me nombro. Cómo me proyecto.
También fue un año de encuentros. Conocí personas increíbles, aprendí mucho de ellas y me llevé aprendizajes que me acompañarán siempre.
Y sí, fue un año más en mi soltería. Y lo agradezco profundamente. Porque entendí que hoy mi soledad es mi lugar seguro. Es donde habita mi paz. Y entonces me pregunté: ¿por qué debería cambiarlo? Me abrí al amor, claro que sí. Pero si no me trae paz, no es para mí. Y decir eso también es madurez emocional.
Este año descubrí uno de mis propósitos. (Y sí, podemos tener más de uno a lo largo de la vida).
También me animé a cumplir un objetivo hermoso junto a mujeres que me enseñaron muchísimo. Agradezco a Dios por ese equipo y por cada aprendizaje compartido.
En conclusión, 2025 fue un año de aprendizajes profundos, de quiebres necesarios y de mucha conciencia. Y, por sobre todo, un año en el que me sentí sostenida por la inmensa misericordia de Dios en mi vida.
Algo más que quiero compartirte.
Comencé este año sin objetivos claros. Por eso, esta vez, con más conciencia, armé mi lista de objetivos como aprendí de Brian Tracy. Te lo comparto por si hoy estás necesitando foco.
Primero: tomá una hoja en blanco.
Escribí la fecha de hoy y luego tus objetivos para los próximos 12 meses (Brian Tracy recomienda alrededor de 10).
Después, aplicá la regla de los 7 pasos:
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Decidir exactamente qué es lo que querés.
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Escribir las metas de forma específica.
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Establecer una fecha límite clara.
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Hacer una lista de acciones para lograrlas.
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Organizar esas acciones en secuencia.
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Tomar acción diaria.
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Actuar inmediatamente en el siguiente paso.
La magia está en el enfoque diario. Así la mente comienza a materializar.
Es importante que escribas tus objetivos en tiempo presente, como si ya fueran una realidad:
“Yo gano…”, “Yo viajo…”, “Yo vivo…”.
Brian Tracy lo explica como enviarle una orden clara a tu mente.
Luego, hacete esta pregunta poderosa:
Si pudiera lograr solo tres objetivos en las próximas 24 horas, ¿cuáles tendrían el mayor impacto positivo en mi vida hoy?
Y volvé a aplicar los 7 pasos.
Si querés ir más profundo y realmente hackear tu mente, podés grabarte hablándote como si ya estuvieras viviendo eso que deseás alcanzar. Usá música suave de fondo y escuchalo en un momento de calma. Sentí cómo serían tus emociones, cómo te verías, qué llevarías puesto, si estarías sola o acompañada. Cuanto más específico, mejor.
Y si hoy te cuesta conectar porque estás atravesando emociones negativas, te dejo una técnica de PNL llamada “estado de gloria”.
Relajate, cerrá los ojos y recordá un momento en el que hayas alcanzado un objetivo y te hayas sentido victoriosa. Reviví esa emoción. Sentí en qué parte del cuerpo aparece. Dale una forma: ¿es un árbol, una flor, una luz? Visualizala. Imaginá el entorno, el clima, los detalles. Quedate ahí al menos tres minutos. Cada vez que necesites seguridad, volvé a esa imagen. Te va a devolver a tu eje.
Y para cerrar, solo puedo decir:
Gracias, 2025. Porque me quebraste como nunca, pero aprendí de cada quiebre. Porque me elegí una y mil veces. Porque, aun en el silencio, vi la obra de Dios en mi vida.
Preparate, 2026.
Voy más enfocada, más libre, más consciente, más decidida… y más con Dios.
Con amor Mariam.



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