Mi talón de Aquiles se llama verano
Mi talón de Aquiles se llama verano
Lo confieso: tengo un talón de Aquiles.
Y se llama verano.Llegó el calor a la Argentina y, al menos en mi ciudad, se siente fuerte. Hay días en los que se mezcla con la humedad y… bueno, lo voy a decir sin vueltas: vestirme en verano para mí es un desafío.
No me gusta el calor. No me gusta transpirar.
Sí, hago ejercicio y transpiro, pero es en ese momento. Lo que me agobia es salir de casa sabiendo que, me ponga lo que me ponga, el calor se va a sentir igual.
Siempre fui más del invierno, del otoño, de la primavera. De vestirme en capas.
Una remera básica y un blazer. Una camisa y un chaleco.
Poder adaptar mi ropa al momento del día, al contexto, al ámbito que transito.
En verano, en cambio, la ropa es más ligera, el cuerpo queda más expuesto… y ahí empieza otro diálogo interno.
Y aclaro algo importante: no es que tenga un conflicto con mi cuerpo.
Pero sí me pasa que, la mayoría de los veranos, evito la pileta o la playa. Me da pudor exponerme tan así, casi como Dios me trajo al mundo, en bikini o malla.
Este verano, sin embargo, me propuse algo distinto: salir de mi zona de confort.
Ir a la pileta con mis hijas y simplemente pasarla bien con ellas. Sin tanta vuelta.
Aun así, decidir comprarme una bikini o una malla sigue siendo un desafío.
Para que se entienda: el verano pasado fui sola una vez a la playa, me compré una bikini ese mismo día —porque no tenía—, la usé ese verano y listo. Sabía que era “por esa única vez”.
Hoy es diferente.
Hoy declaro decidir desde la libertad.
Declaro derribar ese “deber ser” y permitirme ser mujer, más allá de ser madre.
Así que me propuse algo simple y profundo a la vez: ir, probarme, mirarme, sentir cómo se ve mi cuerpo y elegir. Sin apuro. Sin castigo. Sin juicio.
Durante años hubo algo que me acomplejó —y hoy puedo decirlo en paz—: tengo las costillas un poco más marcadas de lo normal por un problema de salud con el que nací. Ya no me atormenta, pero me acostumbré a ocultarlas.
Y ahora estoy aprendiendo a salir de ese lugar.
Hoy me abrazo igual si elijo una malla enteriza o una bikini.
Porque lo importante no es la prenda, sino desde dónde elijo.
Y hoy elijo desde un lugar más consciente, auténtico y libre, sin dejar que el miedo me siga gobernando.
Y volviendo al tema práctico —porque ya sabés que me gusta bajar a tierra—, quiero contarte el método que desarrollé para esos días de calor en los que, aunque hayas organizado el outfit la noche anterior, igual no sabés qué ponerte.
Mi método para vestirme cuando el calor me supera:
1. Volver a los básicos.
Ojo: los básicos no son iguales para todas. Para alguien de estilo creativo, un básico puede ser una remera con estampa o color. Para alguien más elegante, una camisa blanca. Cuando no sabés qué ponerte, volver a tus básicos es volver a tu centro. Después, los estilizas con accesorios.
2. Elegir colores claros.
El calor se concentra más en los tonos oscuros. Si amás el negro, podés usarlo abajo y arriba optar por algo al menos tres tonos más claro, sobre todo en los horarios de más calor.
3. Apostar por los vestidos.
Llegué a la conclusión de que son frescos y versátiles. Un mismo vestido puede funcionar para el trabajo —si el código lo permite— con un chaleco, y también para una salida con amigas. Menos esfuerzo, más comodidad.
4. Evitar prendas muy cerradas en el cuello.
Al menos en verano. El calor sube al rostro y, seamos sinceras, lo último que queremos es transpirar hasta las mejillas.
Eso es la base de mi método. Después, claro, elijo también según lo que quiero comunicar ese día y desde mi identidad.
Porque la imagen comunica todo el tiempo.
Y sí, todas tenemos nuestro talón de Aquiles en alguna temporada.
Lo importante no es quedarse en la queja, sino decidir ser protagonistas de nuestra imagen, incluso en los días difíciles.
No siempre es fácil. Hay días y días.
Pero cada vez que elegís vestirte desde el respeto y la conciencia, cuando te mirás al espejo… lo sentís.
Y ahora te pregunto a vos, como entre amigas:
¿El calor también es un desafío para vos?
¿Qué prendas elegís cuando sentís que nada te convence?
Te leo.
Con amor Mariam



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