Primer lunes del año, mujer: hoy elijo ser feliz
Primer lunes del año, mujer: hoy elijo ser feliz
Primer lunes del año, mujer.
Y este comienzo vuelve a recordarme algo que declaré cuando me propuse mis objetivos, tanto a corto como a largo plazo.
El año anterior —como te conté en el artículo pasado— fue un año de orden. De mirar heridas antiguas de frente. De sanar. Y entendí algo importante: sanar no es un proceso lineal. A veces duele, a veces cansa, pero siempre transforma.
Este año declaro algo distinto: elijo ser feliz.
Siento que a partir de hoy comienza una nueva etapa de mi vida. Ya me perdoné lo que necesitaba perdonarme. Ya despedí —y lloré— a mi vieja versión, esa que dudaba de sí misma y buscaba validación externa. Honré todo lo que fue… y la dejé ir.
Hoy me comprometo conmigo misma a convertirme en una mujer que, aunque esté llena de desafíos grandes, confía en su capacidad para resolverlos. Ya no busco encajar. Busco encontrar mi espacio y habitarlo desde mi autenticidad.
Cada mañana me levanto con una decisión clara: construir mi mejor versión a través de una acción diaria.
Y sí, a veces dudo. Pero cuando eso pasa, me hago una pregunta que me ordena por dentro:
¿Qué haría mi mejor versión en este momento?
Y desde ahí, decido.
Comencé el año enfocada en mis objetivos y cuidándome de verdad. En lo físico, por ejemplo, hago mucho ejercicio. Sí, mujer, soy lo que hoy llaman “fit”. Yo prefiero decir que encontré una forma sana de canalizar mis emociones. Camino mucho, corro, voy al gym, me muevo. No paro… y no quiero parar.
Cuando no estoy haciendo actividad física, elijo nutrir mi mente. Leo, consumo contenido de valor y cuido mucho lo que dejo entrar. Porque entendí que no todo suma, y elegir también es una forma de amor propio.
Con la alimentación soy consciente, pero libre. Como muchas proteínas, sí. Pero si tengo ganas de comerme un chocolate, me lo como. Sin culpa. Porque equilibrio también es escucharse.
Este año comencé con mucha disciplina y aprendí algo clave: el éxito no se construye de la noche a la mañana.
Primero se construye desde adentro, creyendo en vos cuando nadie más lo hace.
Después es como salir a correr: si arrancás demasiado rápido, te cansás. En cambio, si empezás con un trote leve pero constante, podés llegar cada vez más lejos.
También entendí que lo importante no es hacerlo perfecto. Durante mucho tiempo quise que todo saliera impecable, y cuando no sucedía, abandonaba lo que amaba. Hoy sé que nadie es perfecto, y que lo que realmente transforma es la constancia, la disciplina y el enfoque.
Con el año que se fue, también se fueron muchas de mis inseguridades. Se cerraron heridas que durante mucho tiempo estuvieron abiertas. Pero no fue gratis: me costó sudor, lágrimas y una enorme fuerza de voluntad para cambiar mi diálogo interno.
Porque la vida es como una cámara fotográfica: donde enfocás, sacás la foto.
Y si de verdad quiero que este año sea diferente, tengo que cambiar el foco. Eso es exactamente lo que estoy haciendo.
Puedo decir que comencé este año liderándome con más conciencia y, sobre todo, con más amor. Hoy me tengo paciencia. Me permito pausas. Me doy permiso para pasar un domingo en el sillón, tomando mate, sin hacer nada. Y sí, eso también es ser productiva.
Cuando aparece una emoción incómoda, no la niego. Me doy el espacio para sentirla y gestionarla. Porque crecer no es evitar lo que duele, es aprender a atravesarlo.
En fin, mujer, con todo esto quiero que reflexionemos juntas:
el año empieza a cambiar cuando vos cambiás tu foco.
Cuando empezás a mirarte desde la posibilidad y no desde la carencia.
Cuando entendés que el éxito se construye con acción, disciplina y constancia… pero sobre todo, creyendo en vos.
Yo estoy haciendo mi parte.
Y este año, además, se lo entregué completamente a Dios.
Y vos, ¿cómo comenzaste tu año?
Con amor Mariam


Comentarios
Publicar un comentario