¿Está de moda ser fit? El nuevo lujo del autocuidado




¿Está de moda ser fit? El nuevo lujo del autocuidado

Durante los últimos años, una frase se repite con cierto tono de sospecha:
“Ahora todo el mundo corre porque está de moda”.

Como si moverse, sudar, cuidar el cuerpo o priorizar la salud fueran una tendencia superficial, una estética pasajera más en el catálogo del lifestyle aspiracional.
Pero, ¿y si esta fuera una de las modas más necesarias de nuestra era?

Imaginemos por un instante lo contrario: una cultura donde lo aspiracional fuera la inercia, el sedentarismo, el consumo compulsivo de pantallas y comida ultraprocesada. No haría falta mucha imaginación para anticipar el resultado: cuerpos exhaustos, mentes saturadas, emociones desconectadas.

Sin embargo, la conversación no es tan simple. Porque el auge del “ser fit” no puede separarse del lenguaje de la moda, del marketing y del deseo de pertenencia.

Cuando la moda vende identidad

Las grandes casas de lujo ya no venden únicamente prendas. Venden pertenencia.
De los logotipos ostentosos pasaron al lujo silencioso, minimalista, casi susurrado.
Y, en paralelo, se instalaron en territorios simbólicos: gimnasios boutique, estudios de yoga, clubes de golf, wellness retreats.

La ecuación es clara: si estás allí, si usás esas prendas, si compartís ese estilo de vida, sos parte.
Parte de una élite que no se define por el exceso, sino por la disciplina, la estética controlada, la salud como estatus.

El deseo de pertenecer no es nuevo. Es profundamente humano.
Algunas mujeres sienten que pertenecen a una comunidad, otras atraviesan la vida con la sensación de ser extranjeras en su propio entorno. Pero incluso en la soledad, pertenecemos: a una fe, a una búsqueda interior, a nosotras mismas.

La industria lo sabe. Y lo capitaliza.

El fitness entre la ciencia y la estética

Las redes sociales amplificaron la narrativa del cuerpo activo, fuerte, funcional.
Y aunque la estética sigue siendo protagonista, la ciencia también respalda el movimiento. Especialistas como la psiquiatra Marian Rojas Estapé insisten en el deporte como una herramienta fundamental para la regulación emocional, la salud mental y la gestión del estrés.

La actividad física deja de ser solo un medio para alcanzar un cuerpo “deseable” y se convierte en una forma de higiene emocional.
Oxigena el cuerpo, ordena la mente, reconecta con la presencia.

La moda, como espejo cultural, acompañó este giro. De las calzas técnicas a las vinchas deportivas, del athleisure al revival sporty que vimos incluso en fenómenos como Barbie, la estética saludable se volvió mainstream.

¿Tendencia o conciencia?

Entonces, ¿ser fit es una moda?
Tal vez.
Pero también es un síntoma de algo más profundo: una generación que comienza a entender que el bienestar no es un lujo, sino una necesidad.

Cuidarse ya no es solo una cuestión estética. Es una declaración cultural.
Es elegir habitar el cuerpo con intención, moverse con conciencia, vestirse como expresión de esa identidad.

Y si el autocuidado también se convierte en tendencia, quizás estemos frente a una de las pocas modas que valen la pena seguir.

Porque, en un mundo obsesionado con la imagen, el verdadero lujo empieza cuando la imagen nace del cuidado real.

          Con amor Mariam

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