No busco que me elijan: aprendí a elegir desde una mujer completa



No busco que me elijan: aprendí a elegir desde una mujer completa

Se acerca el 14 de febrero. Una fecha donde el mundo parece girar alrededor del amor romántico, las flores, los gestos grandilocuentes y las promesas que, a veces, duran lo mismo que la emoción del día.

Pero hay otra narrativa que casi no se cuenta: la de la mujer que está sola, no por carencia, sino por conciencia. La mujer que ya no quiere ser conquistada sólo por gestos, sino elegida con coherencia.

Durante mucho tiempo me pregunté qué se sentía que alguien te conquiste todos los días. Hasta que decidí investigar profundamente qué es el amor sano, porque necesitaba recalibrar mi brújula emocional.
Y entendí algo clave, como dice Loreto Sesma: el amor es un espejo.

No es que todos los hombres sean iguales ni que nosotras seamos difíciles de amar. Es que muchas veces miramos el amor desde una herida no resuelta. Y comprendí que el corazón también se entrena.

Me di cuenta de que estaba achicándome. Creía que, para crecer, debía estar sola, enfocarme solo en mis proyectos y usar toda mi energía en construir la vida que sé que merezco. Pensaba que si estaba con alguien, ya no podría expandirme.
Pero no era enfoque. Era miedo.

El amor sano no te limita. Dos personas conscientes pueden crecer en sus proyectos individuales y en conjunto. Y si creemos en la abundancia en finanzas, negocios, familia y salud, ¿por qué no creer también en la abundancia en el amor?

Cuando repetimos vínculos donde no somos prioridad, la vida nos está mostrando algo. Y sí, mirarlo duele. Duele porque creemos que ya sanamos, que ya evolucionamos, que ya somos “esa mujer”. Pero sanar no es una meta, es una práctica. No es lineal, es espiral.

Confieso algo: yo también me creía emocionalmente disponible. Pero había convertido la soledad en refugio. Construí un laberinto alrededor de mi corazón para no exponerme, para no depender, para no perder el control. Y entendí que eso también es una forma de no estar disponible.

Aprendí que el amor sano no llega a salvarte, llega a encontrarte.
Dos personas completas que se eligen, no para llenarse, sino para expandirse. Con responsabilidad afectiva, libertad y presencia.
Como dice Gabriel Rolón: “No te necesito para nada, pero te elijo para todo.”

El amor sano no siempre es cómodo. Te confronta, te eleva, te exige coherencia. No te achica, te potencia. No te promete cuentos de hadas, te propone crecimiento real.

Nos vendieron la idea del amor mágico, instantáneo y sin conflicto. Pero el amor adulto es elección diaria, comunicación, límites y conciencia. Es elegir desde la plenitud, no desde la carencia.

Y si este 14 de febrero estás sola, quiero decirte algo con claridad: no estás esperando amor, estás construyendo poder personal.
Estar soltera no es vacío, es territorio sagrado de autoliderazgo. Es el espacio donde te convertís en la mujer que no ruega, que no mendiga, que elige.

Y en ese camino, hay un amor que nunca se ausenta ni negocia su presencia: el amor de Dios. Un amor que no depende de fechas, de validaciones externas ni de promesas. Un amor que te abraza completa, consciente y en proceso.      

Con amor Mariam


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