Cuando una mujer brillante no refleja quién es
Cuando una mujer brillante no refleja quién es
Existe un error muy común que muchas mujeres inteligentes siguen cometiendo: creer que la imagen es superficial.
Creer que lo único que realmente importa es quiénes somos por dentro: nuestro corazón, nuestros valores, nuestros conocimientos. Y aunque eso es profundamente cierto… también hay una parte de la realidad que muchas veces preferimos ignorar.
Para alguien que no te conoce, tu imagen habla antes que vos.
A lo largo de mi camino como coach de imagen y estilista personal he visto algo que se repite con mucha frecuencia: grandes profesionales, empresarias, mujeres líderes, brillantes en lo que hacen… que en una primera impresión no logran transmitir quiénes son realmente.
¿La razón?
Su imagen comunica algo completamente distinto.
Y no suele ser por falta de inteligencia ni de capacidad. Muchas veces ocurre por el famoso “deber ser”, por falta de tiempo o porque la vida se vuelve tan demandante que pensar qué ponerse pasa al último lugar de la lista.
Pero hay algo que no podemos olvidar: la imagen comunica todo el tiempo.
Aunque no digamos una palabra.
La forma en la que te vestís, los colores que elegís, las prendas que usás… todo forma parte de un lenguaje silencioso que habla de vos, de tu energía, de tu actitud frente al mundo.
Y sí, los primeros minutos importan.
Porque, nos guste o no, nunca hay una segunda oportunidad para una primera impresión.
Como una persona espiritual y consciente, me encantaría poder decirte que lo único que importa es quién sos por dentro. Pero la mente humana funciona de otra manera: constantemente está interpretando señales, clasificando información, formando percepciones.
Y en ese proceso, la imagen es una de las primeras cosas que observamos.
Las personas tienden a tomarte más en serio cuando perciben coherencia entre quién decís que sos y cómo te presentás.
Incluso en situaciones cotidianas.
Pensá, por ejemplo, en una primera cita. La ropa que elegís no es casual: también comunica cómo te sentís frente a la otra persona.
A veces elegimos colores más neutros, prendas más cerradas o estructuradas cuando todavía estamos evaluando, cuando hay cierta cautela. Otras veces nos inclinamos por colores, texturas o prendas más abiertas cuando realmente queremos mostrarnos, cuando estamos más predispuestas a dejarnos ver.
La ropa, muchas veces sin que lo notemos, expresa nuestro estado interno.
Y sin embargo, veo muchas mujeres extraordinarias que en algún punto del camino dejaron de habitar su imagen.
A muchas nos pasó, por ejemplo, durante la maternidad. Entre descubrir nuestra nueva identidad como madres, las noches sin dormir y las miles de responsabilidades diarias, de pronto nos encontramos poniéndonos lo primero que aparece en el placard, con el típico rodete improvisado y la sensación de que ya no queda mucho espacio para nosotras.
Créeme, yo también pasé por ahí.
Otras mujeres simplemente crecieron escuchando que la imagen es algo superficial, algo reservado para quienes “les gusta la moda” o para quienes tienen tiempo para esas cosas.
Pero a veces me pregunto:
¿y si esa idea no fuera más que una forma de justificar la incomodidad que sentimos con nuestra propia imagen?
Hoy, desde mi lugar como coach de imagen, puedo decirte algo con mucha convicción: la imagen es mucho más poderosa de lo que creemos.
Incluso la neurociencia ha demostrado que la forma en la que nos vestimos influye en nuestro comportamiento, en nuestra seguridad personal e incluso en la manera en que tomamos decisiones.
La ropa que elegimos puede elevar nuestro estado de ánimo, fortalecer nuestra presencia y ayudarnos a sentirnos más alineadas con quienes somos.
Por eso, la imagen no es superficial.
Es una expresión de identidad.
Es coherencia.
Es tu manera de presentarte ante el mundo… y también ante vos misma.
Es tu forma de habitarte incluso en esos días en los que no hay un plan especial y simplemente estás en tu casa.
Porque vestirte bien no es un acto de vanidad.
Muchas veces, es un acto de rebeldía.
Rebeldía frente a la pereza, frente a las excusas, frente a esas creencias que durante años nos hicieron pensar que mostrarnos, cuidarnos y expresarnos a través de nuestra imagen era algo frívolo.
Cuando en realidad, puede ser simplemente otra forma de decir:
esta soy yo.
Con amor Mariam



Comentarios
Publicar un comentario