Sé tu propia salvavidas
Sé tu propia salvavidas
Hay momentos en la vida de una mujer en los que enfrenta grandes desafíos.
Momentos donde la soledad aparece y, al final del día, es ella misma quien queda frente a sus propias batallas.
Muchas veces son batallas silenciosas.
Otras veces pedimos ayuda. Y está bien hacerlo.
Pero hay una verdad que tarde o temprano todas descubrimos: hay procesos que nadie puede atravesar por nosotras, porque nadie más está en nuestros zapatos. Cada persona tiene sus propios desafíos.
Por eso, en algún punto del camino, una mujer aprende a convertirse en la heroína de su propia historia.
No importa cuántas veces caigas.
Cuántas veces sientas que ya no podés más.
Cuántas veces tengas ganas de salir corriendo, de gritar, de soltar todo porque las responsabilidades pesan.
Tal vez hay días en los que quisieras sentirte distinta, vestirte de otra manera, verte con más claridad… pero hoy simplemente no sale.
Y lo sé: puede ser frustrante. Puede ser agotador.
Pero también sé algo más.
En algún momento te prometiste ser esa mujer capaz de enfrentar grandes desafíos.
Por eso hoy quiero recordártelo: sé valiente.
Si te caíste, levantate.
Más fuerte.
Más decidida.
Más determinada.
Sé tu propia salvavidas.
Y todo comienza en un lugar más simple —y más poderoso— de lo que imaginamos: en el lenguaje. En la forma en que hoy te hablás y en cómo estás interpretando el mundo.
Empezá por algo sencillo: habláte como le hablarías a tu mejor amiga. Con respeto. Con ánimo. Con comprensión.
Escuchate.
Incluso escuchá a tu cuerpo. Regalate un momento de calma, una pausa del ruido del mundo para preguntarte: ¿qué necesito hoy?
¿Descansar? ¿Avanzar? ¿Respirar?
Cuidá tu diálogo interno, porque al fin y al cabo, la persona con la que más hablamos a lo largo de nuestra vida somos nosotras mismas.
Y si realmente prestáramos atención a cómo nos hablamos a veces, nos daríamos cuenta de algo curioso: jamás le hablaríamos así a una amiga.
De hecho, si una amiga nos hablara de esa manera, probablemente no seguiría siendo nuestra amiga.
Entonces, ¿por qué nos acostumbramos a tratarnos así?
Tu realidad de hoy es, en gran parte, el resultado de cómo la fuiste construyendo: a través de tus pensamientos, de tu lenguaje y de la forma en que interpretás lo que te sucede.
Claro que no podemos controlar todo. Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. Pero también nos dio una mente brillante para cuidarla y nutrirla.
Así como alimentamos nuestro cuerpo, también necesitamos alimentar nuestra mente: con contenido que nos sume, con conversaciones que nos eleven y con vínculos que nos impulsen a crecer.
Sé tu propia salvavidas cuantas veces lo necesites.
Conocete lo suficiente como para que, cuando lleguen los días grises —porque siempre llegan— sepas cómo transitarlos con más conciencia y más amor hacia vos misma.
Incluso, aprendé a ser tu propia medicina.
Y créeme: hay días en los que ni siquiera sabemos cómo hacerlo.
Yo misma he estado ahí. Y aún hoy sigo teniendo desafíos.
De hecho, mientras escribo estas palabras estoy atravesando un estado gripal. Con fiebre, cuidándome, tratando de recuperarme. Y claro que muchas veces necesitamos a otros para atravesar mejor esos momentos.
Pero también hay días en los que simplemente nos toca tirar de nuestra propia fuerza.
Porque a veces somos mamás.
Porque a veces las responsabilidades no se detienen.
Porque a veces no existe la opción de quedarnos en pausa.
Y entonces, una vez más, nos tiramos nuestro propio salvavidas.
Conocete, mujer.
Al punto de que puedas darte tu propia charla motivacional una y mil veces.
Porque habrá días en los que nadie más entenderá exactamente lo que estás atravesando.
Días en los que el mundo seguirá girando mientras vos estás intentando recomponerte por dentro.
Y en esos momentos, más que nunca, vas a necesitar recordarte algo importante:
que dentro tuyo vive una mujer capaz de sostenerse, de levantarse y de volver a empezar.
Así que si hoy sentís que el agua está movida, si todo parece un poco más difícil de lo normal, respirá profundo.
Y recordá esto:
si alguna vez te perdés en medio de la tormenta, aprendé a encontrarte.
Sé tu propia salvavidas.
Con amor Mariam



Comentarios
Publicar un comentario