Me dijeron que era frívola por interesarme en la moda




Me dijeron que era frívola por interesarme en la moda

De chica, mi juego favorito era elegir lo que me iba a poner desde la noche anterior.

Mi abuela era costurera. Me enseñó a coser a los 5 años y yo les hacía ropa a mis muñecas, organizaba desfiles en casa, combinaba cada detalle — hasta el peinado, hasta el moño. Para mí, vestirse era un acto de creación. Una forma de decirle al mundo quién era yo ese día.

Hasta que alguien me dijo que las personas que se interesan en la moda son superficiales. Que no son inteligentes. Que una persona seria, profunda, no tiene nada que hacer ahí.

Y yo me lo creí.

Por años guardé esa pasión para mí. La escondí con vergüenza, como si estuviera haciendo algo malo. Me vestía "como correspondía" — según la iglesia, según el rol, según lo que se esperaba de una buena chica, una buena mamá, una buena esposa. Me puse ropa dos talles más grande para ser invisible. Para que nadie me viera demasiado. Para no parecer lo que en el fondo siempre fui — una mujer que ama la moda y no tiene nada de qué avergonzarse por eso.

Pero la pasión no desaparece. Solo espera.

Cuando empecé a trabajar como fotógrafa, algo volvió. Todas mis clientas me preguntaban lo mismo antes de cada sesión: ¿qué me pongo? Y yo entendí que tenía algo para dar ahí. Estudié asesoría de imagen y lo empecé a aplicar. El resultado fue inmediato — cuando una mujer sabe que lo que lleva puesto la representa, su actitud cambia. Se para diferente. Se mira diferente. Y para mí, capturar eso era oro.

Después vinieron los quiebres. Una separación, una crisis, años en los que me alejé de todo esto. Mi imagen era lo último en lo que pensaba. Me vestía con lo primero que encontraba, me sentía diez años mayor de lo que era, y en algún punto dejé de verme.

Fue cuando empecé a elegirme de nuevo — a vestirme como me gustaba, sin juicios, sin pedir permiso — que algo cambió. No solo en el espejo. En todo.

Hoy entiendo que la moda no es frivolidad. Es el arte de transmitir quién sos sin decir una sola palabra. Vestirse con intención es un acto de respeto hacia una misma. Es una herramienta poderosa — y si la usás a conciencia, podés no solo destacar, sino construir una presencia que te represente de verdad.

Hoy soy Coach de Imagen. Y cada vez que trabajo con una mujer, en el fondo le estoy diciendo lo que nadie me dijo a mí a tiempo:

Tu pasión no es frívola. Es tuya. Y eso vale.


   Con amor Mariam

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